9.10.11

Un momento de espuma salada

Dormías. Con la luz blanca que entraba por la ventana y debajo de la cortina vos dormías. Tapado con la sabana blanca, con la ráfaga de aire cálido que se filtraba, en ese cuarto iluminado tan blanco y tan tuyo como el olor de las almohadas. Ni un solo ruido parecía interrumpirte, durmiendo con el entrecejo fruncido por alguna razón que no logré descubrir mirandote. Y yo sentada al lado tuyo, entre las mismas sabanas que acariciaban tu piel, mi piel.. soñando con que el único ruido que se escuchaba en todo el lugar eran olas rompiendo contra la arena y no ramas de árboles moviendose al compás de un viento de lluvia. 


Ahí sentada, llevandonos a otro lugar muy lejos del real, fue cuando supe. Así, sin más nada para agregar lo supe: ese momento se grabaría en mi memoria para siempre. Ese momento tan blanco y estático en el tiempo, cargado de un sin fin de significados mezclados entre vos y yo, entre mi pelo y tus pestañas, entre tus besos y mis palabras, lo llevaría conmigo siempre. Te miraba, y entre más te miraba más descubría lo perfecto de lo que estaba viviendo. Entonces fue cuando me pregunté cuántas veces más lograría vivir momentos como ese. Pero sinceramente no me importa ahora. Guardo ese instante, ese día de minutos en mi memoria, en mi cuerpo, en la punta de mis dedos, en todo lo que soy con vos hoy y seré el día de mañana incluso no estando al lado tuyo. 


Volví a mirarte, volví a sentir esas olas, ese sueño tuyo al lado mío. Sin molestarte me acosté para mirarte, con lagrimas cargadas de emociones encontradas. Nada más, sabía que no habría nada más en el mundo que quisiera más que eso. Estar así, con vos, en miles de momentos perfectos más. 


Cerré los ojos, dejé que el ruido de las olas me cantara una canción, y de repente no supe más. Solo que antes de dormir y meterme de intrusa en lo que soñabas sentí el olor a la sal que viene del mar. 

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